La Eneida
La Eneida y desplegad conmigo las grandes vueltas de la guerra.
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Había una torre de gran tamaño y puentes elevados,
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adecuada al lugar, que los ítalos con grande empeño
todos se esforzaban en tomar y abatir con la mayor violencia
de sus recursos, y los troyanos, al contrario, defendían
con piedras y dardos, apiñados, por el hueco de las saeteras.
Turno el primero lanzó una antorcha encendida
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y clavó en el costado la llama que, inflamada del viento,
hizo presa en las tablas y se pegó a las puertas consumidas.