La Eneida
La Eneida Asustados se agitaban en su interior y escapar pretendían
de la desgracia. Al amontonarse y hacerse hacia atrás,
a la parte libre de fuego, cayó de repente la torre
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bajo el peso y resuena con el fragor todo el cielo.
Caen medio muertos al suelo bajo la enorme mole
y se clavan en sus propios dardos y traspasan
sus pechos los duros troncos. Apenas escaparon
Helénor y Lico; de ellos, en la flor de la edad Helénor,
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para el rey meonio al que la esclava Licimnia en secreto
había criado y enviado a Troya con armas prohibidas,
ligero con su espada desnuda y el blanco escudo, aún sin gloria.
Y cuando se vio en medio de millares de los de Turno,
que de un lado y de otro se alzaban tropas latinas,