La Eneida
La Eneida ¡Mira, tú! ¡Los que nos pedían matrimonio por la fuerza!
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¿Qué dios a Italia, o qué locura os ha traído?
No están aquí los Atridas ni el urdidor de historias, Ulises:
raza dura por la estirpe, llevamos primero a los hijos
al río y los endurecemos con el hielo cruel y las olas;
no duermen nuestros niños por la caza y fatigan los bosques,
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es su juego montar caballos y disparar flechas con sus arcos.
Y la juventud, hecha al trabajo y con poco conforme,
o doma la tierra con rastrillos o golpea con la guerra las ciudades.
Toda la edad la pasamos con el hierro y con la lanza vuelta
el lomo de los novillos sin que de la vejez la torpeza
picamos