La Eneida
La Eneida Suena el golpe, la tierra se ve sacudida por el enorme peso,
cubre el suelo al morir con los miembros derribados
y las armas sangrientas de sesos, y en partes iguales
le cuelga la cabeza acá y allá sobre uno y otro hombro.
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Se dispersan huyendo de miedo temblorosos los troyanos,
y si al punto el vencedor se hubiera cuidado
de romper con su mano los cerrojos y abrir las puertas a sus compañeros,
habría sido aquél el último día de la guerra y de un pueblo.
Mas la locura y el ansia de matar insana, furioso
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lo lanzaron contra los de enfrente.
Primero se ocupa de Fáleris y Giges al que corta el jarrete,
luego toma las lanzas de los que huyen y se las arroja
a la espalda, Juno le brinda ánimos y fuerzas.