La Eneida
La Eneida Les siguen Halis y Fégeo, con el escudo atravesado:
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luego, ignorantes en los muros que seguían combatiendo,
Alcandro y Halio, Noemón y Prítanis.
A la derecha del terraplén, esforzado con su vibrante espada
ve venir a su encuentro a Linceo llamando a sus amigos;
su cabeza quedó en el suelo, lejos, junto al casco,
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arrancada de cerca de un solo golpe. Después a Amico,
el exterminador de fieras, mejor que el cual otro no había
en untar las flechas con la mano y armar el hierro de veneno,
y a Clitio el Eólida y a Créteo, el amigo de las Musas,
Créteo de las Musas compañero, a quien siempre placían