La Eneida
La Eneida y a unos ásperos corazones? ¿Acaso yo intento destruir el lábil poder
de los frigios? ¿Yo? ¿Y quién enfrentó a los pobres troyanos
con los aqueos? ¿Cuál fue el motivo de que Asia y Europa
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se alzasen en armas y un rapto rompiera sus pactos?
¿Guiado por mí el adúltero dardanio entró en Esparta,
o le di yo las flechas y fomenté la guerra con la ayuda de Cupido?
Entonces debieron tener miedo los tuyos; tarde te alzas ahora
en injusta protesta y promueves vanas disputas."
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Con tales palabras hablaba Juno, y se agitaban todos
los habitantes del cielo con parecer diverso igual que en los bosques
cuando atrapados los soplos primeros se agitan y levantan murmullos