La Eneida
La Eneida 120
y ninguna posibilidad de huir. Están los desgraciados en las altas torres
inútilmente, y en rala corona ciñen los muros
Asio el Imbrásida y Timetes Hicetaonio
y los dos Asáracos y TÃmber, ya mayor, con Cástor,
la primera lÃnea; a éstos acompañan ambos hermanos
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de Sarpedón, Temón y Claro, de la alta Licia.
Acmón Lirnesio toma esforzándose con todo el cuerpo
un enorme peñasco, parte no pequeña de un monte,
ni menor que Clitio su padre ni que su hermano Menesteo.
Unos se esfuerzan por defender con lanzas, otros con piedras,
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en preparar más fuego y en montar en la cuerda las flechas.
Y él mismo entre todos, justÃsima cuita de Venus,
mÃralo: el niño dardanio con su hermosa cabeza cubierta