La Eneida
La Eneida de una dura guerra: en medio de la noche Eneas surcaba las aguas.
Pues cuando de parte de Evandro llegó al campo etrusco,
se presenta ante el rey y al rey dice su nombre y su linaje,
qué es lo que busca y qué ofrece, las armas que Mecencio
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se está ganando, y le cuenta la violencia del pecho
de Turno; qué confianza merecen las cosas de los hombres
le advierte y mezcla sus ruegos. Tarconte no duda
en prestarle su apoyo y sellan la alianza; los lidios entonces,
por voluntad de los dioses y libres del destino, suben a las naves
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bajo el mando de un jefe extranjero. El barco de Eneas,
el primero, lleva en el espolón leones frigios
y el Ida en lo alto, gratísimo a los teucros fugitivos.
Allá va sentado el gran Eneas y consigo da vueltas
a los varios sucesos de la guerra, y, a su izquierda, Palante