La Eneida
La Eneida simula de la divina cabeza, le pone palabras inanes,
le da una voz sin sentido y finge al andar sus pasos,
640
como al llegar la muerte es fama que vuelan las sombras,
o los sueños que engañan a los sentidos adormecidos.
Y salta la imagen dispuesta a las primeras líneas
a retar al héroe con sus dardos y con voces provocarlo.
Turno la persigue y arroja una lanza estridente
645
de lejos; ella vuelve la espalda y cambia sus pasos.
Fue entonces cuando Turno pensó que Eneas huía
y apuntó en su ánimo resuelto una vana esperanza:
"¿A dónde huyes, Eneas? No abandones el lecho prometido;
mi diestra te dará la tierra que has buscado por los mares."
650