La Eneida
La Eneida Vociferando así le sigue y hace brillar su espada
desenvainada y no ve que los vientos se llevan su alegría.
Había casualmente un barco atado al pico de una roca
con sus escalas dispuestas y el puente preparado,
con el que había llegado el rey Osinio de las costas de Clusio.
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Aquí se metió rauda la imagen de Eneas que escapaba
para esconderse, y Turno la sigue no menos valiente
y vence los obstáculos y logra saltar los altos puentes.
Apenas había alcanzado la proa, rompe amarras la hija de Saturno
y se lleva por mares en reflujo la nave liberada.
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Y al otro en su ausencia Eneas lo reta al combate
y manda a la muerte a muchos hombres que le hacen frente.
Luego la imagen leve no busca ya más escondites,