La Eneida
La Eneida sin flaquear ordena que le traigan el caballo. Éste era su gloria,
éste su consuelo, con él victorioso salía de todos
los combates. Se dirige al mohíno y así comienza:
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"Largo tiempo, Rebo, si algo de los mortales dura largo tiempo,
hemos vivido. O traerás hoy victorioso aquellos despojos
ensangrentados y la cabeza de Eneas, y serás conmigo
vengador de los dolores de Lauso, o, si ninguna fuerza nos abre camino,
caerás a la vez; pues en verdad no creo, valiente,
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que sufras órdenes de otro ni a los teucros de amos."
Dijo, y sentado a la grupa acomodó los miembros
como solía y cargó sus manos de dardos agudos,
brillando de bronce su cabeza y erizada su cresta equina.
Así avanzó raudo hacia el centro. Hierven en el mismo pecho