La Eneida
La Eneida recamados, que un día, contenta de sus labores,
le había hecho con sus manos la sidonia Dido
y había bordado las telas con hilo de oro.
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Con uno de ellos viste, entristecido, al joven, postrero
honor, y cubre con un manto el cabello destinado a la pira,
y muchos premios además de la batalla laurente
amontona y ordena que sea llevado el botín en larga fila.
Añade caballos y armas de los despojos del enemigo.
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Había atado también a la espalda las manos de los que mandaba
como ofrenda a las sombras, para regar las llamas con sangre,
y ordena que, vestidos de las armas enemigas,
porten troncos los jefes y se claven los nombres de sus rivales.