La Eneida
La Eneida Llevan al infeliz Acetes, vencido por los años,
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ya hiriéndose el pecho con los puños, ya con las uñas la cara;
se derrumba y cae al suelo con todo su cuerpo.
Llevan también los carros manchados de sangre rútula.
Detrás Etón, el caballo de guerra, privado de sus insignias,
avanza llorando y baña su hocico con grandes lágrimas.
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Otros portan su lanza y su yelmo, pues Turno el resto
lo tiene como su vencedor. Siguen luego los teucros, triste falange,
y todos los etruscos y los arcadios con las armas vueltas.
Después que había pasado gran parte del cortejo,
Eneas lo detuvo y esto añadió con profundo suspiro: