La Eneida
La Eneida 95
"A otras lágrimas nos llama desde ahora el mismo destino
horrendo de esta guerra. Salve, noble Palante, para siempre,
y para siempre adiós." Y sin más decir a los altos
muros se encaminaba y dirigÃa sus pasos al campamento.
Y ya se habÃan presentado embajadores de la ciudad latina
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cubiertos con ramos de olivo a pedir una tregua:
los cuerpos que el hierro habÃa esparcido por los campos,
que los entregara y permitiera enterrarlos bajo un túmulo,
que ninguno era el pleito con los vencidos y privados del aire,
que perdonase a los que un dÃa trató de huéspedes y suegros.
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El bondadoso Eneas a los que súplicas no despreciables hacÃan