La Eneida
La Eneida de que soporte una vida odiosa, muerto Palante,
tu diestra es la causa, que ves nos debe a Turno
al hijo y al padre. Sólo este mérito te falta
y esta ocasión a tu suerte. No lo demando -no sería lícito-
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como alegría de mi vida, sino para mi hijo en los Manes profundos."
La Aurora entretanto había sacado para los pobres mortales
la luz de la vida, trayéndoles de nuevo afanes y fatigas.
Levantaron las piras ya el padre Eneas, ya Tarconte
en el curvo litoral. Aquí cada cual el cuerpo llevó de los suyos
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según la costumbre de sus padres, y prendiéndoles negro fuego
ocultan el alto cielo con la calígine de la tiniebla.
Tres vueltas dieron corriendo ceñidos de las brillantes armas