La Eneida
La Eneida en torno a las piras encendidas, tres veces recorrieron
a caballo el triste fuego funeral y arrancaron alaridos de su boca.
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La tierra se cubre de lágrimas, se cubren las armas,
llega al cielo el clamor de los hombres y el clangor de las tubas.
Aquí unos arrojan al fuego los despojos arrebatados
a los latinos muertos, los yelmos y las labradas espadas
y los frenos y las ruedas ardientes; otros las conocidas ofrendas,
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los escudos de los suyos y las poco felices armas.
Sacrifican por allí muchos cuerpos de bueyes a la Muerte
y cerdos erizados y degüellan sobre las llamas muchas
ovejas robadas de todos los campos. Luego por toda la playa
ven arder a sus compañeros y guardan las piras
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