La Eneida
La Eneida 295
Apenas asà los mensajeros, y un variado murmullo corrió
por las turbadas bocas de los ausonios, como cuando detienen
las rocas la rápida corriente, se forma un rumor en el remolino
encerrado y tiemblan las orillas vecinas con las aguas que crepitan.
En cuanto se aplacaron los ánimos y se calmaron las bocas temblorosas, 300
tras hablar a los dioses comienza el rey desde su alto escaño:
"HabrÃa querido decidir antes sobre la suerte del reino,
latinos, y mejor habrÃa sido y no en tal circunstancia
convocar la asamblea, cuando el enemigo está a las puertas.
Libramos una guerra adversa, ciudadanos, contra una estirpe
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