La Eneida
La Eneida de dioses y unos hombres indómitos, a quienes ninguna batalla
rinde y ni vencidos pueden abandonar su espada.
Si habíais abrigado alguna esperanza de conseguir las armas etolias,
deponedla. Cada cual es su propia esperanza. Pero veis cuán exigua
es la nuestra. Cómo yace todo abatido en ruinas,
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a la vista está y al alcance de vuestras manos.
Y no acuso a nadie. Cuanto valor pudo darse,
se dio; se ha combatido con todas las fuerzas del reino.
Ahora, por último, os expondré qué opinión alberga
un corazón vacilante y (prestad atención) os lo diré con pocas palabras.
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Tengo de antiguo un campo cercano al río etrusco
que se extiende hacia el ocaso hasta el territorio de los sicanos;
lo siembran auruncos y rútulos y con su arado trabajan