La Eneida
La Eneida Si la tierra del Ida hubiese alumbrado a otros dos hombres
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de su talla, hasta las ciudades de Ínaco habría venido
el dárdano y lloraría Grecia con hados contrarios.
Cuanto nos demoramos bajo los muros de la dura Troya,
la victoria de los griegos se detuvo por la mano de Héctor
y de Eneas, y arrastró sus pasos hasta el décimo año.
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Ambos insignes de coraje, ambos por la fuerza de sus armas,
y éste mayor por su piedad. Que se unan las diestras en el pacto
que se os propone, pero, ¡cuidado!, no se enfrenten armas con armas!"
Y al tiempo has escuchado, óptimo rey, del cuál es
la respuesta y cuál su parecer sobre esta gran guerra."