La Eneida
La Eneida 330
decreto que hayan cien parlamentarios de las mejores
familias latinas y tiendan en su mano los ramos de la paz
cargados de presentes, talentos de oro y marfil,
y la silla y la trábea, insignias de nuestro reino.
Deliberad entre vosotros y acudid en ayuda de una situación nada fácil." 335
Entonces Drances, siempre hostil y agitado
con torcida envidia y amargos estímulos por la gloria de Turno,
largo de medios y mejor de lengua, pero con diestra fría
para la guerra, tenido por consejero no fútil,
poderoso en los enfrentamientos (la nobleza de su madre
340
le confería estirpe orgullosa, incierta por parte de padre),
se levanta y carga y hace subir la ira con estas palabras:
"Sometes a nuestra consideración, oh buen rey, un asunto
para nadie oscuro que no precisa de palabras: todos saber confiesan