La Eneida
La Eneida 355
himeneo y sellar esta paz con un pacto eterno.
Pero si terror tan grande se ha apoderado de pechos y mentes,
citémosle a él mismo y solicitemos de él mismo la venia:
que consienta y devuelva al rey y a la patria su propio derecho.
¿Por qué tantas veces lanzas a estos pobres ciudadanos
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a riesgos manifiestos, oh para el Lacio causa y cabeza de los males presentes?
No hay salvación en la guerra, todos la paz te reclamamos,
Turno, y, a la vez, de la paz la única prenda inviolable.
Yo el primero, a quien te imaginas tu enemigo (y nada
me preocupa si lo soy), aquí vengo a suplicarte. Ten piedad
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