La Eneida
La Eneida muy lejos al enemigo; rodean los muros por todas partes.
Vayamos a su encuentro, ¿por qué dudas? ¿Es que siempre
tendrás a Marte en el flato de tu lengua y en esos
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pies tuyos prestos a correr?
¿Yo, derrotado? ¿Me dirá alguien con razón derrotado,
más que oprobioso, si puede ver el Tíber crecer henchido
de la sangre troyana y cómo ha caído con su estirpe
la casa entera de Evandro y a los arcadios privados de sus armas?
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No así me han conocido Bitias y Pándaro el grande
y los mil que vencedor mandé al Tártaro en un día,
encerrado en sus muros y atrapado por el terraplén del enemigo.
¿No hay salvación en la guerra? Ve a cantar así, loco,
a la cabeza de los dárdanos y a tus propios asuntos. No ceses