La Eneida
La Eneida 400
de turbarlo todo con gran miedo y de ensalzar a los hombres
de un pueblo dos veces derrotado y de humillar, por contra, las armas de Latino.
Ahora hasta los jefes de los mirmídones tiemblan ante las armas frigias,
ahora hasta el hijo de Tideo y Aquiles de Larisa,
y huye, y retrocede el río Áufido perseguido por las ondas adriáticas.
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Y simula estar asustado de mis enconos
y exacerba su acusación y su impostura con miedo fingido.
Nunca un alma de esa calaña (no temas) bajo esta diestra
habrás de perder; que viva contigo y permanezca en este pecho.
Me dirijo ahora, padre, a ti y a tu importante decreto.
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