La Eneida
La Eneida igual que las tracias Amazonas cuando recorren las riberas
del Termodonte y luchan con sus armas pintadas,
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bien junto a Hipólita, bien cuando vuelve en su carro,
marcial, Pentesilea, y entre gran tumulto de alaridos
exultan los ejércitos de mujeres con sus peltas lunadas.
Virgen fiera, ¿a quién tumbas primero con tu dardo
y a quién después? ¿O cuántos cuerpos moribundos por tierra?
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Euneo, en primer lugar, el hijo de Clitio; al hacerle frente
le atraviesa con una larga lanza su pecho descubierto.
Él cae vomitando ríos de sangre y muerde
cruento el polvo y rueda al morir sobre su propia herida.
Vienen después Liris y Págaso, uno mientras recoge las riendas