La Eneida
La Eneida y agarra con la diestra al enemigo al tiempo que lo arroja del caballo
y a galope tendido lo lleva en sus brazos con gran violencia.
Se alza al cielo el clamor y todos los latinos
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volvieron a él sus ojos. Vuela fogoso Tarconte por la llanura
llevando las armas y al guerrero; entonces de la punta de la lanza del otro
arranca el hierro y busca las partes descubiertas
por donde infligir la herida mortal; él, a su vez, resistiéndose,
sujeta la diestra lejos del cuello y esquiva la fuerza con la fuerza.
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Como cuando el águila leonada se lleva volando a lo alto
una serpiente y la agarró con sus patas y le clavó las garras,
mas la culebra, herida, hace girar su cuerpo sinuoso
y yergue sus escamas erizadas y silba con la boca