La Eneida
La Eneida troyanas; bien por vestirse en sus cacerías con el oro
apresado, sólo a él de cuantos andaban enfrentados
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perseguía, ciega y desprevenida a lo largo de toda la línea
ardía con un ansia de mujer por el botín y los despojos,
cuando Arrunte, por fin llegada la ocasión, desde su escondite
lanza su dardo e invoca a los dioses de esta manera:
"El mejor de los dioses, Apolo guardián del santo Soracte,
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a quien veneramos los primeros y por quien alimentamos en los bosques
la llama de pino y, confiados en la piedad, entre el fuego
caminamos tus adoradores sobre muchas ascuas;
dame, padre, terminar con esta deshonra de nuestras armas,
todopoderoso. No busco el botín o el trofeo