La Eneida
La Eneida no de otro modo Arrunte, raudo, se apartó de la vista
y contento con escapar se metió entre las armas.
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Ella se muere e intenta arrancar el dardo con su mano, mas entre los huesos,
hasta las costillas llega en profunda herida la punta de hierro.
Se apaga exangüe, se apagan sus ojos mortalmente
helados, el color de púrpura un día abandona su cara.
Entonces así se dirige moribunda a Acca sola
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de sus iguales, que era fiel más que todas a Camila
y con ella compartía las cuitas, y así le dice:
"Hasta aquí, Acca hermana mía, he podido: amarga herida me vence
ahora y todo alrededor se oscurece de tinieblas.
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