La Eneida
La Eneida Pues quienquiera que ha profanado tu cuerpo con la herida
lo pagará con merecida muerte." Al pie de un alto monte se alzaba,
enorme, la tumba de Derceno, antiguo rey laurente,
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bajo un montón de tierra cubierta por umbrosa encina;
aquí se posa primero la bellísima diosa en rauda
maniobra y de lo alto del túmulo vigila a Arrunte.
Cuando lo vio con las armas brillando y henchido en vano:
"¿Por qué -dice- te marchas a otra parte? Dirige aquí tus pasos,
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ven a morir aquí, de modo que recibas una digna recompensa
de Camila. ¿No morirás tú por las flechas de Diana?"
Dijo y sacó veloz saeta la tracia
de la aljaba de oro y la tensó amenazante en el arco
y mucho lo dobló hasta que se tocaron