La Eneida
La Eneida "Turno, yo a ti por estas lágrimas, por el nombre de Amata
si es que te importa algo. Tú eres ahora su única esperanza,
tú el descanso de su mísera vejez, en tus manos la honra y el poder
de Latino, en ti se apoya toda mi casa vacilante.
Esto sólo te pido: no acudas al combate con los teucros.
60
Sea cual sea el resultado que te aguarda en ese duelo,
también a mí, Turno, me aguarda; al tiempo dejaré
esta odiada luz y no veré, cautiva, a Eneas de yerno."
Escuchó Lavinia las palabras de su madre entre lágrimas
que regaban sus mejillas encendidas; un intenso rubor
65
las hizo arder y corrió por su rostro caliente.
Como si alguno mancha con púrpura de sangre