La Eneida
La Eneida el marfil de la India o como enrojecen los blancos lirios
al mezclarse con muchas rosas, tal color presentaba el rostro de la muchacha.
A él lo turba el amor y clava su mirada en la muchacha;
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arde más por las armas y con pocas palabras dice a Amata:
"No, te ruego, no me persigas con lágrimas ni con agüero
tan fatal cuando me lanzo al encuentro del duro Marte,
madre mía; pues Turno no puede demorar libremente su muerte.
Tú, Idmón, sé mi mensajero y lleva al tirano frigio estas
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palabras mías que no han de placerle. Llevada en sus ruedas de púrpura
en cuanto enrojezca en el cielo la Aurora de mañana,