La Eneida
La Eneida 90
para su padre Dauno metiéndola al rojo en las aguas estigias.
Luego, ase con fuerza la pesada lanza que se alzaba
apoyada a una columna en el centro de la sala,
despojo del aurunco Áctor, y blandiéndola la hace vibrar
al tiempo que grita: "Ahora, lanza mía que nunca has defraudado
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mis ruegos, ahora es el momento; antes el grandísimo Áctor
y ahora te lleva de Turno la diestra; concédeme abatir su cuerpo
y arrancar y destrozar con fuerte mano la loriga
del frigio afeminado y manchar en el polvo sus cabellos
rizados con el hierro caliente y empapados de mirra."
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Con tal furia se agita y de toda la cara le saltan
chispas encendidas, brilla el fuego en sus ojos salvajes,
como lanza el toro al inicio de la lucha mugidos
terribles o trata de llevar la ira a sus cuernos