Cándido

Cándido

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En la travesía discurriéron largamente cerca de la filosofía del pobre Panglós. Vamos á otro mundo, decia Candido, y sin duda que en el es donde todo está bien; porque en este nuestro hemos de confesar que hay sus defectillos en lo físico y en lo moral. Yo te quiero con toda mi alma, decia Cunegunda; pero todavía llevo el corazon traspasado con lo que he visto, y lo que he padecido. Todo irá bien, replicó Candido; ya el mar de este nuevo mundo vale mas que nuestros mares de Europa, que es mas bonancible, y los vientos son mas constantes: no cabe duda de que el nuevo mundo es el mejor de los mundos posibles. Plega á Dios, dixo Cunegunda; pero tan horrorosas desgracias han pasado por mi en el mio, que apénas si queda en mi corazon resquicio de esperanza. Vms. se quejan, les dixo la vieja; pues sepan que no han experimentado desventuras como las mias. Sonrióse Cunegunda del disparate de la buena muger que se alababa de ser mas desdichada que ella. ¡Ay! le dixo, madre, á ménos que haya vm. sido violada por dos Bulgaros, que le hayan dado dos cuchilladas en la barriga, que hayan demolido dos de sus granjas, que hayan degollado en su presencia dos padres y dos madres de vm., y que haya visto á dos de sus amantes azotados en un auto de fe, no se como pueda haber corrido mayores borrascas: sin contar que he nacido baronesa con setenta y dos quarteles en mi escudo de armas, y he sido cocinera. Señorita, replicó la vieja, vm. no sabe qual ha sido mi cuna; y si le enseñara mi trasero, no hablaria del modo que habla, y suspenderia el juicio. Excitó esta réplica fuerte curiosidad en los ánimos de Candido y Cunegunda, y la vieja la satisfizo en las siguientes razones.


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