Cándido
Cándido La mayor parte de los comensales eran mercaderes y carruageros, todos de una urbanidad imponderable, que con la mas prudente circunspeccion hiciéron á Cacambo algunas preguntas, y respondiéron á las de este, dexándole muy satisfecho de sus respuestas. Quando se acabó la comida, Cacambo y Candido créyeron que pagaban muy bien el gasto, tirando en la mesa dos de aquellas grandes piezas de oro que habian cogido; pero soltarón la carcajada el huésped y la huéspeda, y no pudiéron durante largo rato contener la risa: al fin se serenáron, y el huésped les dixo: Bien vemos, señores, que son vms. extrangeros; y como no estamos acostumbrados á ver ninguno, vms. perdonen si nos hemos echado á reir quando nos han querido pagar con las piedras de nuestros caminos reales. Sin duda vms. no tienen moneda del pais, pero tampoco se necesita para comer aquí, porque todas las posadas establecidas para comodidad del comercio las paga el gobierno. Aquí han, comido vms. mal, porque estan en una pobre aldea; pero en las demas partes los recibirán como se merecen. Explicaba Cacambo á Candido todo quanto decia el huésped, y lo escuchaba Candido con tanto pasmo y maravilla como tenia en decírselo su amigo Cacambo. ¿Pues qué pais es este, decían ambos, ignorado de todo lo demas de la tierra, y donde la naturaleza entera tanto de la nuestra se diferencia? Es regular que este sea el pais donde todo está bien, añadia Candido, que alguno ha de haber de esta especie; y diga lo que quiera maese Panglós, muchas veces he advertido que todo iba mal en Vesfalia.