Cándido

Cándido

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Esta conducta acabó de desesperar á Candido; y aunque á la verdad habia padecido otras desgracias mil veces mas crueles, la calma del juez y del patron que le habia robado le exâltaron la cólera, y le ocasionáron una negra melancolía. Presentábase á su mente la maldad humana con toda su disformidad, y solo pensamientos tristes revolvia. Finalmente estando para salir para Burdeos un navío francés, y no quedándole carneros cargados de diamantes que embarcar, ajustó en lo que valia un camarote del navío, y mandó pregonar en la ciudad que pagaba el viage y la manutencion, y daba dos mil duros á un hombre de bien que le quisiera acompañar, con la condición de que fuese el mas descontento de su suerte, y el mas desdichado de la provincia. Presentóse una cáfila tal de pretendientes, que no hubieran podido caber en una esquadra. Queriendo Candido escoger los que mejor educados parecian, señaló hasta unos veinte que le parecieron mas sociables, y todos pretendían que merecían la preferencia. Reuniólos en su posada, y los convidó á cenar, poniendo por condicion que hiciese cada uno de ellos juramento de contar con sinceridad su propia historia, y prometiendo escoger al que mas digno de compasion y mas descontento con justicia de su suerte le pareciese, y dar á los demas una gratificacion. Duró la sesion hasta las quatro de la madrugada; y al oir sus aventuras ó desventuras se acordaba Candido de lo que le habia dicho la vieja quando iban á Buenos-Ayres, y de la apuesta que habia hecho de que no habia uno en el navío á quien no hubiesen acontecido gravísimas desdichas. A cada lástima que contaban, pensaba en Panglós, y decia: El tal Panglós apurado se habia de ver para demostrar su sistema: yo quisiera que se hallase aquí. Es cierto que si está todo bien, es en el Dorado, pero no en lo demas de la tierra. Finalmente se determinó enfavor de un hombre docto y pobre, que habia trabajado diez años para los libreros de Amsterdan, creyendo que no habia en el mundo oficio que mas aperreado traxese al que le exercitaba. Fuera de eso este docto sugeto, que era hombre de muy buena pasta, habia sido robado por su muger, aporreado por su hijo, y su hija le habia abandonado, y se habia escapado con un Portugués. Le acababan de quitar un miserable empleo con el qual vivia, y le perseguian los predicantes de Surinam, porque le tachaban de sociniano. Hase de confesar que los demas eran por lo menós tan desventurados como él; pero Candido esperaba que con el docto se aburriria ménos en el viage. Todos sus competidores se quejáron de la injusticia manifiesta de Candido; mas este los calmó repartiendo cien duros á cada uno.


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