Cándido
Cándido Entre los que mas concurrian á su casa habia un cierto abate, que era de aquellos hombres diligentes, siempre listos para todo quanto les mandan, serviciales, entremetidos, halagüeños, descarados, buenos para todo, que atisban á los forasteros que llegan á la capital, les cuentan los sucesos mas escandalosos que acontecen, y les brindan con placeres á qualquier precio. Lo primero que hizo fué llevar á la comedia á Martin y á Candido. Representaban una tragedia nueva, y Candido se encontró al lado de unos quantos hypercríticos, lo qual no le quitó que llorase al ver algunas escenas representadas con la mayor perfeccion. Uno de los hypercríticos que junto á el estaban, le dixo en un entre-acto: Hace vm. muy mal en llorar; esa comedianta es malísima, y el que representa con ella peor todavía, y peor la tragedia que los actores: el autor no sabe palabra de arábigo, y ha puesto la escena en la Arabia; sin contar con que es hombre que cree que no hay ideas innatas: mañana le traeré á vm. veinte folletos contra él. Caballero, ¿quantas composiciones dramáticas tienen vms. en Francia? dixo Candido al abate; y este respondió: Cinco o séis mil. Mucho es, dixo Candido; ¿y quantas buenas hay? Quince ó diez y seis, replicó el otro. Mucho es, dixo Martin.