Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Vuestra obra sobre la tolerancia me parece llena de humanidad y de verdad, pero temo que pueda hacer más mal que bien a la familia de los Calas. Puede irritar a los ocho jueces favorables al suplicio de la rueda: pedirán al Parlamento que se queme vuestro libro, y los fanáticos, pues siempre los hay, responderán con gritos de furor a la voz de la razón, etcétera.
He aquà mi respuesta:
Los ocho jueces de Toulouse pueden hacer quemar mi libro, si eso es bueno; no hay nada más fácil: se quemaron las Lettres Provinciales, que valÃan sin duda mucho más: cada cual puede quemar en su casa los libros y papeles que le disgusten.
Mi obra no puede hacer ni bien ni mal a los Calas, a los que no conozco. El Consejo del rey, imparcial y firme, juzga según las leyes, según la equidad, sobre las pruebas, sobre los procedimientos, y no sobre un escrito que no es en absoluto jurÃdico y cuyo fondo es absolutamente ajeno al asunto que juzga.
De nada servirÃa imprimir infolios a favor o en contra de los ocho jueces de Toulouse, y a favor y en contra de la tolerancia; ni el Consejo ni ningún tribunal considerarán esos libros como piezas del proceso.
Estoy de acuerdo con que hay fanáticos que gritarán, pero mantengo que hay muchos lectores sabios que razonarán.