Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso He sabido que el Parlamento de Toulouse y algunos otros tribunales tienen una jurisprudencia singular; admiten cuartos, tercios y sextas partes de prueba. De ese modo, con seis sÃes de un lado, tres de otro y cuatro cuartos de presunción, forman tres pruebas completas; y con esa bella demostración mandan sin misericordia a un hombre al suplicio. Un ligero conocimiento del arte de razonar bastarÃa para hacerles adoptar otro método. Eso que se llama una semiprueba no puede ser sino una sospecha: no hay rigor en la semiprueba; o una cosa está probada o no lo está, no hay punto intermedio.
Cien mil sospechas reunidas no pueden establecer una prueba, como cien mil ceros no pueden componer un número.
Hay cuartos de tono en la música, aunque no puedan ejecutarse; pero no hay ni cuarto de verdad ni cuarto de razonamiento.
A dos testigos que sostengan su declaración se les considera que han aportado una prueba; pero eso no es suficiente: hace falta que esos dos testigos lo sean sin pasión, sin prejuicios y, sobre todo, que lo que dicen no choque con la razón.
De nada servirÃa que cuatro personajes de lo más serio dijeran que han visto a un anciano enfermo agarrar por el cuello a un joven vigoroso y tirarlo por la ventana a cuarenta pasos de distancia: está claro que habrÃa que meter a esos cuatro testigos en el manicomio.