Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Soy yo sola la que os une a pesar vuestro por vuestras mutuas necesidades, en medio incluso de vuestras crueles guerras emprendidas tan ligeramente, eterno teatro de los errores, de los azares y de las desgracias. Soy yo sola la que en una nación detiene las funestas consecuencias de la división interminable entre la nobleza y la magistratura, entre esos dos cuerpos y el del clero, incluso entre el burgués y el campesino. Ignoran todos los límites de sus derechos, pero, a la larga, y a su pesar, todos escuchan mi voz, que les habla al corazón. Yo sola conservo la equidad en los tribunales, donde sin mí todo sería entregado a la indecisión y a los caprichos, en medio de un confuso amasijo de leyes hechas a menudo al azar, y por una necesidad pasajera, diferentes entre sí de provincia en provincia, de ciudad en ciudad, y casi siempre contradictorias entre sí en el mismo lugar. Yo sola puedo inspirar la justicia, mientras que las leyes no inspiran sino enredos: el que me escucha siempre juzga bien, y el que sólo busca conciliar opiniones que se contradicen es el que se extravía.