Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Hay un edificio inmenso cuyos cimientos he colocado con mis manos; era sólido y sencillo, todos los hombres podÃan entrar en él sintiéndose seguros; han querido añadirle los ornamentos más extraños, más groseros y más inútiles; el edificio está en ruinas por todas partes, los hombres recogen las piedras y se las arrojan a la cabeza; les grito: «Deteneos, apartad esos escombros funestos que son obra vuestra, y quedaos conmigo en paz en el que es mi edificio inquebrantable».