Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Era evidente que, si el parricidio había podido cometerse, todos los acusados eran igualmente culpables, porque no se habían separado ni un momento; era evidente que no lo eran; era evidente que el padre solo no podía serlo; y sin embargo, la sentencia condenó solamente a ese padre a expirar en la rueda.
El motivo de la sentencia también era tan inconcebible como todo lo demás. Los jueces que estaban a favor del suplicio de Jean Calas persuadieron a los otros de que este viejo débil no podría resistir los tormentos, y que bajo los golpes de los verdugos confesaría su crimen y el de sus cómplices. Quedaron confundidos cuando aquel anciano, al morir en la rueda, tomó a Dios por testigo de su inocencia y le conjuró para que perdonara a los jueces.