Contra el fanatismo religioso

Contra el fanatismo religioso

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Fueron obligados a dictar una segunda sentencia, contradictoria con la primera, que excarcelaba a la madre, a su hijo Pierre, al joven Lavaisse y a la sirvienta; pero al hacerles ver uno de los consejeros que esta sentencia desmentía a la otra, que se condenaban ellos mismos, que al haber estado juntos todos los acusados durante el tiempo que se atribuía al parricidio, la excarcelación de todos los supervivientes probaba indefectiblemente la inocencia del padre de familia ejecutado, tomaron entonces la decisión de desterrar a su hijo Pierre Calas. Ese destierro parecía tan inconsecuente, tan absurdo como todo lo demás, pues Pierre Calas era o culpable o inocente del parricidio; si era culpable había que condenarlo a la rueda como a su padre, si era inocente no había por qué desterrarlo. Pero los jueces, atemorizados por el suplicio del padre y por la conmovedora piedad con la que había muerto, imaginaron que salvaban su honor haciendo creer que concedían la gracia al hijo, como si concederle la gracia no constituyera una nueva prevaricación; y creyeron que el destierro de este joven, pobre y sin apoyos, no tendría consecuencias, no era una gran injusticia, después de la que habían tenido la desgracia de cometer.

Se empezó por amenazar en su mazmorra a Pierre Calas con tratarlo como a su padre si no abjuraba de su religión. Es lo que este joven atestigua bajo juramento.


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