Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Pierre Calas, al salir de la ciudad, se encontró con un abad que hacía conversiones y le hizo volver a Toulouse; se le encerró en un convento de dominicos, y allí se le obligó a cumplir con todos los rituales de la catolicidad; era en parte lo que se quería, era el precio de la sangre de su padre; y la religión a la que se había creído vengar parecía satisfecha.
Se le quitaron las hijas a la madre; se las encerró en un convento. Esta mujer casi empapada por la sangre de su marido, que había tenido a su hijo mayor muerto entre sus brazos, que había visto desterrado al otro, privada de sus hijas, despojada de todos sus bienes, estaba sola en el mundo, sin pan, sin esperanza, y se moría por el exceso de su desgracia. Algunas personas, habiendo examinado sensatamente todas las circunstancias de esta horrible aventura, se impresionaron tanto que apremiaron a la señora Calas, retirada en su soledad, a que se atreviera a ir a pedir justicia a los pies del Trono. Ella no podía ya ni sostenerse, se estaba apagando; y, por otra parte, al ser inglesa de nacimiento, trasplantada a una provincia de Francia desde su juventud, el simple nombre de la Villa de París la asustaba. Se imaginaba que la capital del reino debía ser aún más bárbara que Toulouse. Al final, el deber de vengar la memoria de su marido fue superior a su debilidad. Llegó a París casi expirando. Le sorprendió encontrar allí buena acogida, socorros y lágrimas.