Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso En París la razón es superior al fanatismo, por grande que este sea; mientras que en provincias, ese fanatismo vence casi siempre a la razón.
El señor de Beaumont, célebre abogado del Parlamento de París, se hizo primero cargo de su defensa y redactó una consulta que fue firmada por otros quince abogados. El señor Loiseau, no menos elocuente, elaboró una memoria a favor de la familia. El señor Mariette, abogado del Consejo, redactó un recurso jurídico que asentó la convicción en todas las mentes.
Esos tres generosos defensores de las leyes y de la inocencia cedieron a la viuda el beneficio de las ediciones de sus alegatos. La compasión conmovió a París y a Europa entera, que pidieron justicia para aquella mujer infortunada. La sentencia fue pronunciada por todo el público mucho antes de que pudiera ser dictada por el Consejo.
La compasión penetró incluso en el Ministerio, a pesar del torrente continuo de asuntos, que a menudo excluyen la compasión, y a pesar de la costumbre de ver a los desgraciados, lo que puede endurecer todavía más los corazones. Se hizo devolver las hijas a su madre: se las vio a las tres cubiertas de un crespón y bañadas en lágrimas, y haciendo que los jueces también las vertieran.