Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso TodavÃa quedan fanáticos entre el populacho calvinista, pero nos consta que hay más entre el populacho convulsionario. La hez de los insensatos de Saint-Médard no cuenta ya nada para la nación, la de los profetas calvinistas está aniquilada. El gran medio para disminuir el número de manÃacos, si quedan, es el de dejar esa enfermedad del espÃritu al régimen de la razón, que ilustra lenta pero infaliblemente a los hombres. Esa razón es dulce, es humana, inspira la indulgencia, ahoga la discordia, reafirma la virtud, rinde amable la obediencia a las leyes, más todavÃa que la fuerza que las mantiene. ¿Y valoraremos en algo el ridÃculo atribuido por todas las gentes de bien al entusiasmo? Ese ridÃculo es una poderosa barrera contra las extravagancias de todos los sectarios. Los tiempos pasados son como si nunca hubieran sido. Es preciso siempre partir del punto en el que se está, y al que han accedido ya las naciones.