Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Hubo un tiempo en el que se creyó obligado emitir decretos contra quienes enseñaban una doctrina contraria a las Categorías de Aristóteles, al horror al vacío, a las quintaesencias, y al universal por parte de la cosa. Tenemos en Europa más de cien volúmenes de jurisprudencia sobre la brujería, y sobre la manera de distinguir a los falsos brujos de los verdaderos. La excomunión de los saltamontes, y de los insectos nocivos para las cosechas, ha estado muy en uso y subsiste todavía en muchos rituales; el uso ha pasado, se deja en paz a Aristóteles, a los brujos y a los saltamontes. Los ejemplos de estas graves demencias, en otro tiempo tan importantes, son innumerables; vuelven otras de vez en cuando, pero una vez que han hecho su efecto, cuando nos hemos hartado de ellas, desaparecen. Si alguien se atreviese hoy en día a decirse carpocrático, o eutiquiano, o monotelita, monofisita, nestoriano, maniqueo, etcétera, ¿qué sucedería? Nos reiríamos de él como de alguien vestido a la antigua con una gorguera y un jubón.