Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Si fuera de derecho humano conducirse de ese modo, sería preciso que el japonés detestara al chino, el cual execraría al siamés; este perseguiría a los gangáridas, que se lanzarían sobre los habitantes del Indo; un mongol arrancaría el corazón al primer malabar que encontrase; el malabar podría degollar al persa, el cual podría masacrar al turco; y todos juntos se arrojarían sobre los cristianos, que durante tanto tiempo se han devorado los unos a los otros.
El derecho a la intolerancia es por tanto absurdo y bárbaro, es el derecho de los tigres; y es mucho más horrible: pues los tigres no desgarran sino para comer, y nosotros nos hemos exterminado por unos párrafos.