Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Se dice en la historia de san Cipriano que fue el primer obispo de Cartago condenado a muerte. El martirio de san Cipriano es del año 258 de nuestra era; luego durante largo tiempo ningún obispo de Cartago fue inmolado por su religión. La historia no nos dice qué calumnias se elevaron contra san Cipriano, qué enemigos tenía, por qué el procónsul de África se irritó contra él. San Cipriano le escribe a Cornelio, obispo de Roma: «Se produjo poco después una emoción popular en Cartago, y se gritó en dos ocasiones que había que arrojarme a los leones». Es muy verosímil que los arrebatos del feroz pueblo de Cartago fueran finalmente la causa de la muerte de Cipriano; y es seguro que no fue el emperador galo el que lo condenó desde tan lejos por su religión, puesto que dejaba en paz a Cornelio, que vivía a su vista.
Tantas causas secretas se mezclan a menudo con la causa aparente, tantos resortes desconocidos sirven para perseguir a un hombre que es imposible de desentrañar, en los siglos posteriores, la fuente oculta de las desgracias de los hombres más considerables, con mayor razón la del suplicio de un particular que no podía ser conocido más que por los de su partido.
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