Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Por tolerante que se pueda ser, no podemos impedir sentir cierta indignación contra esos declamadores que acusan a Diocleciano de haber perseguido a los cristianos desde que subió al trono; remitámonos a Eusebio de Cesárea, su testimonio no puede ser recusado: el favorito, el panegirista de Constantino, el enemigo violento de los emperadores precedentes, debe ser creído cuando los justifica: «Los emperadores dieron durante mucho tiempo a los cristianos grandes demostraciones de bienvenida; les confiaron provincias; numerosos cristianos vivieron en palacio; incluso se casaron con cristianas; Diocleciano tomó por esposa a Prisca, cuya hija fue la mujer de Maximiano Galerio, etcétera».
Aprendamos, por tanto, de este testimonio decisivo a no calumniar más; que se juzgue si la persecución alentada por Galerio, tras diecinueve años de un reinado de clemencia y de bondades, no puede tener origen en alguna intriga que no conocemos.
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