Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso ¿Seguiremos siendo los últimos en abrazar las sanas opiniones de otras naciones? Ellas se han corregido, ¿cuándo nos corregiremos nosotros? Han hecho falta sesenta años para hacer que adoptáramos lo que había demostrado Newton; apenas comenzamos a atrevernos a salvar la vida de nuestros hijos mediante la inoculación; sólo practicamos desde hace muy poco los verdaderos principios de la agricultura: ¿cuándo empezaremos a practicar los verdaderos principios de la humanidad? ¿Y con qué cara podemos reprocharles a los paganos el haber causado mártires mientras que nosotros hemos sido culpables de la misma crueldad en las mismas circunstancias?
Concedamos que los romanos hicieron morir a multitud de cristianos solamente a causa de su religión; en tal caso, los romanos se han hecho merecedores de condena. ¿Querríamos cometer nosotros la misma injusticia? Y cuando les reprochamos haber sido perseguidores, ¿querríamos ser perseguidores también nosotros?
Si hubiera alguien con la suficiente falta de buena fe, o el suficiente fanatismo, para decirme aquí: ¿por qué viene a echarnos en cara nuestros errores y nuestras faltas? ¿Por qué destruir nuestros falsos milagros y nuestras falsas leyendas? Ellos son el alimento de la piedad de muchas personas; existen los errores necesarios; no arranquéis del cuerpo una úlcera inveterada que se llevaría con ella la destrucción del cuerpo. Esto es lo que le contestaría: