El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

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Todas las plazas situadas a orillas del Rin y el Issel se rindieron. Algunos gobernadores enviaron sus llaves apenas vieron pasar a lo lejos uno o dos escuadrones franceses; muchos oficiales huyeron de las ciudades donde estaban de guarnición antes de que el enemigo llegara a su territorio; la consternación era general. El príncipe de Orange carecía todavía de tropas suficientes para aparecer en campaña. Toda Holanda esperaba someterse al yugo en cuanto el rey atravesara el Rin. El príncipe de Orange ordenó apresuradamente hacer líneas de defensa más allá de ese río y después de hechas comprendió la imposibilidad de conservarlas. Se trataba sólo de saber en qué lugar decidirían los franceses hacer un puente de barcas, y oponerse, si era posible, a este cruce. En efecto, la intención del rey era cruzar el río por un puente de pequeñas barcas inventadas por Martinett. En eso, gente de la región informó al príncipe de Condé que la sequía de la estación había formado un vado en un brazo del Rin, junto a una vieja torrecilla utilizada como oficina de peaje, llamada Toll buys, la casa del peaje y en la cual había diecisiete soldados. El rey hizo sondear el vado por el conde de Guiche, y se comprobó que sólo se necesitaba nadar alrededor de veinte pasos en el centro del brazo del río, según dice en sus cartas Pellison, testigo ocular, y me lo han confirmado los habitantes. Ese espacio casi no era nada porque varios caballos de frente rompían el curso muy poco rápido del agua. El acceso era fácil: del otro lado del río no había más que cuatro o cinco soldados de caballería y dos débiles regimientos de infantería sin cañones. La artillería francesa los fulminaría de flanco. (16 de junio de 1672) Mientras pasaban sin riesgo el cuarto militar del rey y las mejores tropas de caballería, en número de quince mil hombres más o menos, el príncipe de Condé costeaba el vado en un barco de cobre. Algunos soldados de caballería holandeses apenas entrados en el río para simular que combatían, huyeron ante la multitud que se dirigía hacia ellos. La infantería en seguida bajó las armas y pidió que se les hiciera gracia de la vida. En la travesía se perdieron tan sólo el conde de Nogent y algunos soldados de caballería que se ahogaron por apartarse del vado; y nadie hubiera muerto eh esa jornada sin la imprudencia del joven duque de Longueville. Según dicen, tenía la cabeza llena de vapores alcohólicos y disparó un tiro de pistola contra los enemigos que de rodillas pedían que se les perdonara la vida, gritándoles, no haya cuartel para esta canalla. Del tiro mató a uno de los oficiales, y la infantería holandesa desesperada volvió a empuñar las armas inmediatamente, e hizo una descarga, resultando muerto el duque de Longueville. Un capitán de caballería llamado Ossembroek[72] que no huyó con los demás, corrió hacia el príncipe de Condé cuando salía del río montado a caballo, y le apoyó la pistola en la cabeza. El príncipe con un ademán desvió el tiro, que le rompió la muñeca. Condé no recibió jamás otra herida en todas sus campañas. Los franceses irritados cayeron sobre la infantería que empezó a huir en todas direcciones. Luis XIV pasó por un puente de barcas con la infantería después de haber dirigido toda la marcha.


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